VILLA OLIMPICA

Historia que dejó El Cruce, 100 km en silla de ruedas 

Por primera vez en la historia, dos corredores, con parálisis cerebral, completaron en sus sillas adaptadas la carrera de montaña por etapas más grande del mundo.
17/12/2025
Villa La Angostura, fue testigo de una gesta que pasará a la historia. Mario (12), Pedro (22) y el equipo de Empujando Sonrisas completaron El Cruce. En sus 23 ediciones "nunca se había vivido algo tan emocionante", nadie con movilidad reducida había participado en este trail running, el más grande del mundo por etapas.

Piedra tras piedra, el corazón empujó más que la fuerza con un mismo objetivo: llegar juntos y dar visibilidad al deporte inclusivo. Tres etapas durísimas. Tres etapas donde un equipo curtido en montaña descubrió que todavía se puede dar más, sufrir más y disfrutar más.

Tres etapas para el recuerdo

El 1 de diciembre arrancó la etapa uno para la primera ronda de corredores, unos 1.200. El camino les llevó al Cerro Bayo (1.782 metros) y esto pasó factura. "Ha sido durísimo. Ahora entiendo de verdad por qué nos decían que esto era una locura" comentó José Luis, padre de Mario. El frío y el terreno hicieron extremar la precaución en cada paso a un equipo acostumbrado a la montaña. 19 kilómetros en 7 horas pero, al fin, lograron llegar al segundo puesto de avasteciemiento.

Plenos por lo conseguido, en ese instante llegaría uno de los momentos más duros para el equipo. La organización comunicó que había que cortar. Faltaba la mitad de la etapa, el tramo que ahora les esperaba se presentaba con senderos muy estrechos y difíciles para el paso de las dos sillas y la posibilidad de entrar en la noche podía suponer un verdadero peligro. Lo más difícil se había logrado, pero en ese momento, las buenas palabras no eran consuelo. Esta, sin duda, "fue de las experiencias más duras de nuestra vida" comentó Pichón.

Los corredores descansaron en el campamento base de El Cruce del Lago Espejo. Aquí cambió su ánimo, se dieron cuenta de la envergadura de lo que estaban haciendo, recordaron que, con lo que habían conseguido, con simplemente estar ahí, ya habían roto una barrera.

Día dos, salida y objetivo cumplido: "hemos dado voz a la discapacidad". Ese día, la frase más escuchada por los corredores que coincidieron con el equipo de Empujando Sonrisas fue: "son increíbles, son un ejemplo para el mundo". Terminaron sus más de 30 km eufóricos, todos veían a Mario y Pedro en sus sillas adaptadas hacer historia, todos veían sus sonrisas y sus ganas de seguir, todos eran, en ese momento, Mario y Pedro.

Llegó la tercera etapa con la ilusión en su punto más álgido, Paula y Eva, las mamás, se unieron a una etapa que los encaminó hacia el Cerro O'Connor. El equipo ya sabía que no iban a coronar, la organización lo había comunicado el día anterior. Era demasiado peligroso y todos aplaudieron el cambio de recorrido para Mario y Pedro. Sin peligro pero con la misma dureza y dificultades del terreno, el ascenso se presentó de lo más divertido para Mario que fue, parte del camino, a hombros de un Félix pletórico e ilusionado.

Subida agotadora físicamente y bajada mortal para las rodillas. 28 kilómetros épicos para una entrada triunfal en meta donde cientos de personas esperaron a Mario, Pedro y a todo el equipo de "Empujando Sonrisas" y donde los abrazos y las lágrimas no cesaron. Lo habían conseguido, habían puesto en el mapa el deporte inclusivo, había abierto una barrera de la mano de El Cruce y habían llevado el significado de equipo a un nuevo nivel. Porque, como dice Eva siempre, la madre de Pedro, las barreras están para derribarlas

Pero El Cruce 2025 no solo pasará a la historia por ser la primera vez que dos personas con movilidad reducida lo han completado, pasará a la historia por dar voz al deporte inclusivo y porque un grupo de amigos llegados desde A Coruña se propusieron hacer algo que nunca se había hecho y por ayudar a otros a disfrutar de la montaña como ellos.

"Empujando Sonrisas" no podía irse sin donar sus sillas,  La primera a la Fundación Challenge Argentina para que todos puedan contemplar las maravillas que se esconden en Villa La Angostura, y la segunda para que Alejo, con parálisis cerebral, pueda seguir corriendo con su padre sin que la rueda de su silla -fabricada por su familia- se salga en cada curva. El equipo vuelve sin sillas para Mario y Pedro pero con la promesa de no parar hasta conseguir que vuelvan a tener unas nuevas para seguir abriendo camino.